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El único paso
 

 

El terror es que no haya una meta, ningún lugar donde llegar, ningún objetivo, sólo ahora, sin futuro ni pasado, sólo este vacío, en este momento en donde no hay "yo".
Ese terror que tenemos a quedarnos aquí y ahora es el que nos impulsa a escaparnos, a evitar quedarnos en el misterio que somos momento a momento; buscamos algo que hacer, nos ponemos a pensar, buscamos algo para distraernos para no quedarnos en lo simple que es Ser.
Esta situación me recuerda aquel cuento sobre una persona que busca a Dios. Golpea en varias puertas y no lo encuentra, hasta que llega a una casa y presiente que esa es la casa de Dios (Misterio, Ser). Sube las escaleras sigilosamente y cuando llega a la puerta, superado por su terror, sin golpear vuelve sobre sus pasos, y así sigue el resto de su vida: buscando a Dios por todos lados, pero siempre evitando esa puerta en donde sabe que lo encontrará.
Tenemos tanto miedo a terminar con nuestra infelicidad y sufrimiento, nos acostumbramos tanto a vivir con ello, que preferimos esa comodidad y "seguridad", y nos mentimos diciéndonos que buscamos y queremos cambiar, pero nos paralizamos de miedo cuando tenemos que dar el paso definitivo.
Desde nuestra perspectiva es bueno hacerse consciente de que estamos en ese estado, pues esta conciencia nos da la posibilidad de enfrentar el miedo de una vez y no huir.
Y, si logramos cruzar la puerta y entrar a la casa, comprobamos que…

…en ese lugar no hay nada, ni nadie, ni nada que hacer. Soy el misterio -  momento a momento, aquí y ahora.  No hay nada que buscar, no hay nadie que tenga la necesidad de buscar.  Llegué al hogar y soy el hogar. Se terminó la esquizofrenia, la dualidad de la mente, Soy Eso, Eso Es y no hay separación; en el momento en que me separo salgo de la puerta de la casa de Dios (Ser) y entro nuevamente en la desdicha de la mente en donde creo ser alguien separado. El "correcto recuerdo" es volver al hogar y salir de la única identificación con el yo separado.

Este es un proceso muy sutil, y al principio cualquier distracción nos saca de Eso,  pues tenemos años de práctica en vivir en la desdicha del yo separado y creer que somos eso.

En mi experiencia personal fueron 20 años de trabajo espiritual, hasta que llegue a un momento crítico de anhelo, desesperación, tensión, de pensar que me iba a volver loco o no iba a poder, pero acompañado con la conciencia y el coraje que me sostenían.  Y en el iceberg de la desesperación y tensión, al enfrentar lo que me estaba pasando, algo cedió y quebró el terror y el miedo dándome la posibilidad de cruzar la puerta y "entrar en la casa de Dios" (Ser, Misterio, Eso).
Como dicen los Budistas Zen la práctica no hace al suceso, pero te predispone, y también te da un contexto y contención para integrarlo luego.

Todo suceso deja de tener continuidad, no hay nada más que esto que está sucediendo en este momento y no hay nadie separado. Uno es eso mismo que Es.
No hay nadie que sea diferente a lo que es observado
No tiene nada de especial ni grandioso
es algo muy simple, es simplemente lo que Es.

Es la superación del último gran miedo, semejante al que experimentamos ante cualquier situación de la vida en la que no nos atrevíamos a afrontar una acción y la amplificamos emocionalmente hasta casi paralizarnos. Pero, tal como en la vida,  una vez que traspasamos la situación temida nos dimos cuenta que no era tan tremenda como creíamos y que nos habíamos creado una historia, una película exagerada. Asimismo, el ultimo gran miedo es la amplificación de la situación primigenia en donde se creó la personalidad condicionada, el yo separado. Una vez que podemos traspasar el ultimo gran miedo nos damos cuenta que este yo separado es un engaño, no es real. En nuestra desesperación y miedo nos hemos creado un personaje ficticio que corre constantemente atemorizado y que toma el mando de nuestra totalidad y dirige nuestras vidas, un personaje ficticio en la búsqueda de cosas ficticias; paradójicamente, desde este personaje y a partir de esta búsqueda también llegamos al suceso de "darnos cuenta" de su irrealidad.
En el momento en que nos damos cuenta, el personaje desaparece y la vida es simplemente lo que Es, ya sin el personaje como ente único y separado. El alivio es tremendo. Es la gota de agua que cae al mar.  Hay toda una estructura de resistencia, tensa, congelada,  que desaparece. No hay en realidad un yo que se libera, sino que deja de existir el yo como ente separado y somos Liberación.

Pero atención: el yo separado, la mente condicionada siempre está al acecho para transformar esta experiencia en una nueva historia y una nueva identidad de "ser liberado". En cuanto nos distraemos, disecamos, conceptualizamos y nos apegamos a la experiencia, y nos volvemos a engañar, y creyendo que somos libres estamos nuevamente en la cárcel de la separación y la desdicha.
Es muy sutil, al principio, la barrera entre Ser y "creer" que se es
Seguir realizando los ejercicios psico-espirituales cotidianos que me proveen de mayor energía para estar presente, invocar la atención y observación cuando siento o me doy cuenta que me estoy apegando o identificando nuevamente con el personaje ficticio, con el yo separado, es lo que me devuelve a Ser Real.
La sensación de desdicha, insatisfacción, ansiedad , angustia o miedo, es la clara señal de que me he vuelto a identificar con el yo separado y que debo auto indagarme para que con la luz de la consciencia pueda liberarme y abrirme a la vastedad de lo que Es.

 

 

Por Leonardo D. Alvarez
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