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Gran Mente, Gran Corazón

Introducción al Proceso Big Mind

El maestro zen Dennis Genpo Merzel, más conocido como Genpo Roshi, es el fundador del proceso Big Mind (Gran Mente). Genpo Roshi ha estado enseñando zen en América durante más de tres décadas, y su reto siempre ha sido cómo llevar la sabiduría oriental a la mente occidental. El proceso Big Mind ha surgido de ese desafío y constituye la piedra angular de sus enseñanzas actuales.

 

 

UNA COMPAÑÍA DISFUNCIONAL

Imagina tu ser, este preciso cuerpo-mente-espíritu, como una compañía, como General Motors, Ford o IBM. Tú eres una compañía con muchos empleados en la cual ninguno de ellos sabe cuál es el nombre de su trabajo, la descripción de su trabajo, cuál es el producto, quién es el director, ni cuál es su función. Para complicar aún más las cosas cada empleado cree que es el jefe, el que está al mando, y que todos los demás empleados están trabajando para él. Para colmo, la compañía está cambiando constantemente. Los empleados son despedidos y nuevos empleados son contratados. Y nadie parece tener ni idea de por qué. El producto cambia constantemente. Ahora pueden ser coches, después camiones, después barcos, después aviones, después puede que otra vez coches… Y no paran de cambiar el nombre de la compañía. En esta compañía en particular, el nombre ha cambiado muchas veces. Primero se le llamó Dennis, después fue llamada Sebastián, más tarde se llamó Genpo, después Sensei, y ahora se llama Roshi. Toda la compañía está cambiando continuamente, todo es impermanente. Así que ¿qué clase de compañía tenemos? Una muy disfuncional.

Hace dos mil seiscientos años Buda llamó a esta disfunción ‘dukkha’. Él no utilizó la metáfora de una compañía, pero utilizó analogías similares para llegar a la misma conclusión. Dijo que dukkha significa que hay algo obstruido. Dukkha es frecuentemente traducido como ‘sufrimiento’, pero en realidad la raíz de la palabra hace referencia a una rueda atascada cuyo eje no rota. En su tiempo tenían carros con dos ruedas, y cuando una rueda o todo el eje dejaban de rotar el carro se quedaba clavado, o simplemente giraba en círculos. Así que básicamente dijo que el carro era disfuncional. De modo que, como uno de esos carros, nosotros somos disfuncionales. Lo peor es que como que nunca hemos sido completamente funcionales no nos damos cuenta de lo disfuncionales que somos en realidad. Si alguna vez hubiéramos sido completamente funcionales y hubiésemos estado completamente integrados, completamente liberados y libres, entonces pensaríamos: “Dios mío, era libre y ahora estoy atascado; era completamente funcional y ahora soy disfuncional.” Aunque la mayoría de nosotros nunca hayamos tenido esta experiencia, mucha gente ha vivido la experiencia de un despertar espontáneo (algún momento en el que alcanzan lo que Eckhart Tolle denomina “el poder del ahora”, una experiencia por la que van más allá del tiempo y del espacio y se encuentran liberados). Esta gente descubre entonces que está operando de un modo disfuncional el 99,9% del tiempo. Pero si no tenemos esa experiencia, nunca comprendemos que existe un modo mejor y más óptimo de funcionar. Lo que Buda descubrió es que somos disfuncionales cuando nuestra comprensión se queda atrapada en una perspectiva; cuando la rueda, o la mente, no giran. Si podemos aprender a cambiar perspectivas, de manera que nuestra mente no se quede fija, y así ningún punto de vista sea considerado como la comprensión única y verdadera, entonces nos podemos desprender podemos ser libres. Simplemente cambiando perspectivas podemos darnos cuenta de que hay un número infinito de perspectivas, incluso en una única habitación. Si cambias ligeramente el ángulo de tu mirada hacia arriba o hacia abajo, o si te mueves alrededor, verás que en esta habitación única hay un número infinito de perspectivas. Del mismo modo, existen infinitas perspectivas de la realidad. Donde nos quedamos atascados es en pensar que solo hay una perspectiva correcta. En las enseñanzas de Buda la Visión Correcta es la primera del Noble Sendero Óctuple. En nuestra interpretación zen la Visión Correcta es la visión-mu, lo que significa no visión, no agarrarse a ninguna visión particular o fija.

 

REAPROPIARNOS DE NUESTRAS VOCES

Lo que podemos hacer con lo que yo denomino proceso Big Mind es aprender lo fácil que es cambiar perspectivas. Cada uno de nosotros tiene un número infinito de puntos de vista. Me gusta decir que tenemos 10.000 estados mentales. Si un estado mental está ahí afuera, en el mundo (como el de Cristo, o Buda, o Teresa de Calcuta, o Hitler, o Bin Laden) también está en mí. Cualquier emoción que está ahí afuera también está en mi interior. Como aprendí desde el principio, entre los años 1983-84, de los doctores Hal y Sidra Stone y su trabajo con el Diálogo de Voces, cada uno de estos aspectos tienen su propia voz. De hecho, cada uno puede ser visto como una voz separada que tiene su propia perspectiva y función distintivas, una voz que quiere ser escuchada, que puede hablar, y que puede crecer y madurar para alinearse con la sabiduría y la compasión. Sin embargo, algunos de estos aspectos nuestros han sido despedidos. Los llamamos ‘voces desapropiadas’.

Ahora bien, a veces han sido despedidos por muy buenas razones. Ninguno de nosotros quiere quitarle la comida de la boca a un bebé hambriento, así que desterramos la posibilidad de ser siquiera capaces de estar motivados por tal desesperación. Repudiamos la posibilidad de poder llegar a pasar por encima de niños para conseguir el último aliento de aire en una cámara de gas. Pero recuerdo que la psiquiatra suiza Elizabeth Kübler-Ross dijo que supervivientes de los campos de concentración nazis le contaron que habían presenciado semejantes actos procedentes de gente buena y encantadora, y ella misma se dio cuenta de que contaba con el mismo potencial.

Saber que tenemos el potencial para lo mejor y para lo peor es absolutamente esencial para hacer este trabajo, porque vamos a hacer un recorrido por aspectos nuestros que están desapropiados. No hay nada malo en ti por negar aspectos tuyos. Es solo que no estás funcionando plenamente. A menudo, cuando descubrimos un aspecto desapropiado diremos: “yo no tengo ese defecto. Yo nunca me enfado.” O “nunca me pongo celoso”. O, incluso mejor, “yo no tengo ego, carezco de ego. He estado meditando durante mucho tiempo; he alcanzado la gran iluminación, y ahora no tengo ego.” Sí, claro. Esos aspectos han sido repudiados o negados.

Cuando una voz es desapropiada se convierte además en una sombra. Cuando es una sombra, no la vemos en nosotros; sin embargo la vemos en otros. Vemos ese aspecto en otros y no nos gusta. En realidad nos irrita o, lo que es peor, nos enfurece. Cuando vemos a alguien que actúa de forma ignorante o con prejuicios, y esa voz está desapropiada en nosotros, nos indignaremos. De hecho podemos llegar a odiar tanto a esas personas que odian a otras personas que querremos matarlas. Esto ocurre porque el aspecto del prejuicio ha sido desapropiado en nosotros. Cuando una voz es desapropiada, actúa encubierta. Actúa clandestinamente, y la única persona que no se da cuenta cuando digo que yo no me enfado soy yo. Todos los demás son conscientes de lo enfadado que estoy todo el tiempo, pero yo no lo veo. Esa es una voz desapropiada. O todos los demás ven que me pongo celoso al instante, pero yo no lo veo. “Yo nunca me pongo celoso. Nunca tengo envidia. Le deseo a todo el mundo lo mejor.” Seguro que sí. Lo mismo pasa con el narcisismo. “Yo no soy narcisista, pero hay un montón de ellos por ahí. Dondequiera que ponga los ojos veo narcisistas; todo gira en torno a ellos. Se meten en esas prácticas espirituales, como el zen, donde solo se preocupan de sus ombligos. ¡Son tan narcisistas! Yo no soy narcisista, porque estoy ahí afuera, en el mundo, y estoy trabajando y haciendo cosas muy importantes.”

Ocurre que cuando empezamos a dar voz a una parte nuestra desapropiada la traemos de vuelta al sistema. Es como si hubiera sido despedida y estuviera a la puerta de piquete, ahí afuera, trabajando contra la compañía. La traemos de vuelta; le damos una descripción de su trabajo, y ahora es un compañero feliz. Quiere hacer muy bien su trabajo, quiere funcionar a un nivel óptimo. Cuando anda por ahí, sin empleo, está cabreado y trabajando contra el sistema. Y después nos preguntamos por qué sufrimos. ¿Por qué nuestra vida no está llena de felicidad y gozo?

Puedes pensar que descubrir estas voces desapropiadas puede ser desagradable, vergonzoso, o todavía peor. Por el contrario, el proceso de apropiarlas es en realidad muy emocionante. De hecho, es una de las cosas más apasionantes que puedes hacer. Me puedo imaginar que es incluso mejor que saltar de un avión, aunque yo nunca lo haya hecho. Ahora, esto no ocurre de inmediato. El proceso de reintegrar una voz desapropiada puede llevar tiempo. Es como plantar una semilla que ha de ser regada y nutrida hasta que germine. Aun así, la razón por la que es tan emocionante es que empezamos a sentirnos a nosotros mismos más completos, y no hay mayor placer que experimentarte a ti mismo como un ser humano que funciona plenamente.

Por tanto necesitamos encontrar un modo de apropiarnos de nuestras voces desapropiadas. A veces el modo de averiguar cómo dar voz a uno de nuestros aspectos desapropiados es escuchando a otros que no lo hayan desapropiado. Yo tenía un aspecto que durante décadas estuvo tan completamente desapropiado que incluso cuando descubrí que estaba desapropiado no pude darle voz. Era el placer. Lo desapropié cuando tuve mi primera apertura zen en 1971. Lo que no comprendí entonces es que cuando tuve mi primer despertar desapropié un grupo completo de voces. Es como si despidiera a la mitad de la compañía.

Un año más tarde, esta idea que tenía sobre el placer fue reforzada cuando escuché a mi maestro, Maezumi Roshi, decir que la práctica del zen no es sobre el placer o ser feliz. Os diré más voces que desapropié: competición, celos, envidia, toda la mentalidad relacionada con el mundo de los negocios –buscar, esforzarse, progresar económica y materialmente (pero, por supuesto, no espiritualmente)–. Así que todo lo que desapropié pasó a la clandestinidad, y se presentó en mi vida en manifestaciones encubiertas. Dondequiera que mirara veía gente competitiva, veía gente ambiciosa, veía gente buscando dinero, fama y fortuna, y yo estaba por encima de todo ello. La única cosa que parecía tener algún sentido era conocerse mejor a uno mismo y ayudar a otros. Ahora, ¿es eso malo? No. ¿Me mutiló? Sí. ¿Tuvo un efecto negativo? Sí.

Hace algunos años me di cuenta de que era hora de volver a entrar en contacto con mi propia voz del placer, pero para aquel entonces había escuchado a tantos maestros (incluyendo al mío propio, Maezumi Roshi) decir que la práctica del zen no era sobre el placer o la felicidad que la voz estaba totalmente desapropiada en mí. De modo que pedí ayuda a uno de mis estudiantes más veteranos, para quien el placer definitivamente no estaba desapropiado. Lo que hice fue muy astuto e ingenioso. Le pregunté si le importaría que le facilitara. “Por supuesto”, contestó, “puedes facilitarme.” Así que le dije: “¿Me permitirías facilitar la voz del placer?” “¡Sí, claro!” Él puede sacar placer de cualquier situación, de modo que le pedí que hablara como la voz del placer ante una buena comida. “Tomo un bocado de mi delicioso chuletón. ¡Oh, Dios, qué bueno está!” Suspira. “Oh, Dios mío, está tan tierno, es tan sabroso; es la mejor pieza de carne que nunca he…” Entonces bebe un sorbo de vino. “¡Oh, qué vino tan bueno! ¿¡Qué es esto, una botella de doscientos dólares!?” “No, vale veinte dólares.” “¡Oh, Dios, está tan bueno!” Después le da una calada a su puro. “¡Oh, Dios mío, esto es mejor que ningún habano que haya fumado en mi vida!” Y siguió y siguió y siguió, y yo escuchaba con mucha atención. Después le dije: “¿Me facilitarías tú ahora la voz del placer?” Lo hizo, y no me salió nada. Entonces empecé a recordar lo que él había dicho, y empecé a imitarle. Empecé simplemente por decir las mismas palabras y enseguida cogí el ritmo y fui capaz de encontrar la voz del placer. Desde entonces he sido mucho más feliz.

En nuestro interior no solo tenemos voces que han sido desapropiadas, sino que además tenemos voces que nunca han sido apropiadas. En otras palabras, tenemos aspectos dentro de nosotros que nunca han sido despertados. Nunca les hemos abierto la puerta y permitido salir, pero están ahí. Se encuentran tan presentes como lo están la ira o el miedo o los celos o el odio o el gozo o el placer. Son igual de reales. Tienes en tu interior aspectos de tu ser que van más allá del ser, que trascienden el ser, tales como la mente despierta –lo que yo denomino ‘Big Mind’ (Gran Mente), o ‘Big Heart’ (Gran Corazón).

 

DESPERTAR LO NO EXPERIMENTADO

En junio de 1999 me pregunté, ya que había estado trabajando en hablar con voces o aspectos particulares del ser que había desapropiado, si era posible hablar con aspectos que nunca antes habían sido despertados. Y lo que descubrí, para mi gran sorpresa, fue que podemos. Pidiendo hablar con la mente despierta, o Gran Mente, o con el corazón despierto, o Gran Corazón, o con la consciencia pura, somos realmente capaces de surgir de ese lugar y experimentar cómo es ser esa mente. O podríamos pedir hablar con la mente que no busca, o la mente que no se aferra. Esto permite al estudiante sentarse de verdad en shikantaza, sencillamente sentarse, sin meta ni propósito.

Podría decirse que el proceso Big Mind crea la oportunidad para una visión facilitada de lo trascendente. En zen, el término para esta visión es kensho, una palabra japonesa que significa literalmente ‘viendo la naturaleza verdadera propia de uno’. Es una experiencia de iluminación. Pero hasta las experiencias más profundas de kensho previas a Daikensho (‘Gran Iluminación’) son todavía momentáneas. Es como la apertura momentánea del obturador del objetivo de una cámara. La práctica Big Mind nos entrena a mantener abierto el obturador del objetivo durante todo el tiempo que queramos. En vez de un tenue reflejo momentáneo, como el de una cerilla encendida y apagada en una gran sala, el proceso Big Mind realmente nos permite mantener abierta la Gran Mente durante el tiempo suficiente como para mirar alrededor de la sala, como para conocer el territorio de verdad.

En el momento en que reconozco y confirmo que yo soy eso (yo soy la Gran Mente, o el Gran Corazón, o el Yo Auténtico) dejo de identificarme con mi ser. Ahora, de repente, me he identificado con algo nuevo y fresco, y puedo mirar dentro y ver: bien, ¿qué significa eso de que soy la Gran Mente? ¿Qué es eso? ¿Existe un borde, hay un límite; tengo algún tipo de margen, algún tipo de comienzo? Y de repente, una vez me he identificado con la Gran Mente, de lo que me doy cuenta es de que incluyo y abarco todas las cosas, de que no hay nada que no sea yo.

Bien, esto es exactamente lo que Buda dijo hace 2.600 años, y lo que muchos sabios de diversas tradiciones espirituales han venido diciendo desde entonces. Pero también prácticamente todo el mundo creía que solo era posible ver y realizar esto tras muchos años de estudio y práctica. Lo que el proceso Big Mind aportó al mundo es que ofrece lo que la escuela zen siempre ha ofrecido: una forma de despertar instantánea e inmediata. Sin embargo, incluso en la tradición zen, que se denomina a sí misma la escuela repentina e inmediata, siempre ha habido no creyentes, gente que piensa que el despertar tiene que llevar muchos años, que fue la interpretación ancestral budista desde hace mucho tiempo. Durante siglos, la escuela zen ha venido haciendo la reivindicación revolucionaria de que cualquier sabiduría que se encuentre dentro de cualquiera de nosotros, incluyendo la sabiduría de Buda, está toda ahí en todos nosotros. La sabiduría de las eras está ahí en todos nosotros. Puede ser experimentada en cualquier momento o a cualquier hora, en un flash.

Explorando Big Mind aprendemos a ser seres humanos plenamente funcionales capaces de actuar desde un lugar de percepción y amor verdaderos. Y de esto es de todo lo que se trata. Todas las prácticas budistas (sentarse, Big Mind y demás) son medios competentes, todos ellos con el propósito de construir el carácter, la consciencia y el discernimiento necesarios para que nuestro funcionamiento proceda de la sabiduría y la compasión. Este es realmente el objetivo. Es el objetivo del zen, es el objetivo del budismo, es el objetivo de todas las grandes religiones y tradiciones de sabiduría que conozco. Si cada vez estamos siendo más los que no funcionamos con sabiduría y compasión hacia todos los seres, si no estamos viendo que todas las cosas son en realidad uno mismo o una extensión o manifestación de la Gran Mente, entonces caemos en el miedo, los celos, la codicia y el odio, y todo ello basado en esta ilusión de separación. Viéndonos como algo separado y apartado de la gran Tierra, de las montañas, ríos y océanos, tendemos a abusar los unos de los otros y del planeta mismo. Así que creo que en este momento en el que estamos es de vital importancia que despertemos y funcionemos con sabiduría, compasión y conciencia.

 

BIG MIND: MEDITACIÓN GUIADA

Puedes intentar hacer el proceso Big Mind por tu cuenta. Comienza por hablar desde la serie de voces del modo descrito abajo. Cuando hayas completado la serie de voces una vez, podrás utilizar la técnica más sencilla descrita al final.

Pide hablar con la voz del Controlador dentro de ti. Después identifícate como el Controlador.

“Ahora estoy hablando como el Controlador. Ya no soy el ser. Como mi nombre indica, mi función es controlar. Si pudiese, controlaría todas las cosas y a todo el mundo. Controlaría mis pensamientos, mis acciones, mis emociones, mis sentimientos, mi comportamiento, así como a otros. Si pudiera controlaría el mundo entero. Este es mi trabajo, y simplemente estoy intentando hacer mi trabajo lo mejor que puedo.”

Ahora el Meditador pregunta al Controlador: “¿Puedo pedirte permiso como Controlador para que me permitas hablar con algunas otras voces del ser? Debido a que tú eres el mejor a la hora de controlar a todas las demás voces, ¿podrías también darme un acceso claro y directo a cada una de las voces con las que pida hablar? Y apreciaría de verdad si pudieses mantener a todas las demás voces calladas, de modo que no puedan bloquear la comunicación con la voz con la que pida hablar. ¿Puedo hablar ahora con otra voz? Me gustaría hablar con la Mente que Busca.”

“Soy la Mente que Busca. Soy muy valiosa para el ser. Soy la que pone al ser a meditar, soy la que siempre está buscando para conseguir más tranquilidad, más felicidad y más paz. Soy la que busca para encontrar júbilo y liberación. Nunca estoy contenta. Siempre hay más que buscar.”

Meditador: “¿Puedo hablar ahora con la Mente que No Busca?”

“Soy la Mente que No Busca. No busco. Estoy absolutamente satisfecha y feliz con la realidad. No tengo deseos o anhelos de ser nada más que lo que soy aquí y ahora. Soy pura consciencia, vacío, amplitud. Testifico y observo las cosas tal y como son. No juzgo o tengo problemas. Soy la mente del nirvana, la mente de la liberación completa. Cuando estoy sentada en meditación no tengo metas u objetivos. No tengo que ir a ningún sitio, ni que hacer nada. Soy la paz total.”

Meditador: “¿Puedo hablar ahora con la Gran Mente, por favor?”

“Soy la Gran Mente. No tengo bordes, ni barreras, ni límites. Nunca he nacido y no voy a morir, ni tengo principio ni fin. Soy todas las cosas, y todas las cosas son manifestaciones mías. No hago distinciones entre yo y otro, tú y yo. Soy la mente del nirvana, la paz y la libertad absolutas.”

Meditador: “Puedo ver sin ninguna duda a la Gran Mente como la antítesis del ser. Puedo ver a la Gran Mente como el final de una línea, y al ser como el punto opuesto. Si esa línea se convierte en la base de un triángulo, me gustaría hablar ahora con el ápice de ese triángulo, que incluye a la voz que transciende al ser y a la Gran Mente, o a la Mente que Busca y a la Mente que No Busca.”

“Yo soy el Ápice. Soy el Gran Corazón, soy la acción compasiva. Soy aquello que va más allá de buscar y no buscar, más allá del ser limitado y la Gran Mente sin límites. Como el Ápice soy completamente libre de buscar y de no buscar; tengo elección, tengo flexibilidad. Puedo moverme libremente entre estos dos estados mentales. Desde aquí no busco iluminación ni intento deshacerme del delirio. No intento poner fin a los pensamientos ni favorezco el no pensar; no tengo preferencia por uno sobre el otro. Soy la libertad total, y la paz mental completa, funcionando perfecta y armoniosamente en cada momento. Actúo desde la sabiduría funcionando como compasión. Soy el Ser Verdadero y Único.”

Una vez que hayas hecho esto por primera vez, puedes usar una práctica más sencilla. Si ya tienes una rutina regular de meditación, comienza por adoptar tu postura habitual. Si eres nuevo en meditación, encuentra una postura erguida y cómoda (sentado en una silla es suficiente), inspira profundamente unas cuantas veces y relájate. Desde tu postura relajada de meditación pregunta al Controlador: “¿Puedo hablar con la Mente que No Busca y que No se Aferra?” Después identifícate como el Controlador y di: “Sí, soy el Controlador, y ahora puedes hablar con la Mente que No Busca y que No se Aferra. Bien, ahora siéntate como la Mente que No Busca y que No se Aferra.”

 

 

 



Genpo Roshi 
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Dennis Genpo Merzel Roshi fundó la Kanzeon Sangha, una comunidad zen internacional, en 1984, con grupos y centros a lo largo de toda Europa y los Estados Unidos, y es el abad de Kanzeon Zen Centre en Salt Lake City, Utah, el cual fundó en 1993. Descubrió el proceso Big Mind en 1999. Su último libro es Big Mind, Big Heart: Finding Your Way, que ha sido publicado en español con el título Gran Mente, Gran Corazón: Descubriendo Tu Propio Camino por la editorial La Liebre de Marzo. Su página web es www.genpo.org

* Autorizado por la revista Athanor.

 
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