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Caminos hacia el Ser
 

 

 

“(….) El camino siempre sigue, mientras la realidad se revela a sí misma en cada paso. El camino es la realidad, la realidad es el camino. La realidad es más que el camino, pero el camino no puede ser más que la realidad. El camino es lo humano, la realidad es lo que incluye y trasciende la humanidad. El camino es la expresión de la realidad en ti. El límite que utiliza para conocerse a través de ti. Para saborearse a sí misma en todos sus matices.

Imagina, solo por un momento, qué puede ser la realidad, en que consiste, para poder experimentarse en todos los caminos y a través de todos los caminos posibles. De todos sin excepción, te gusten o no, estés o no estés de acuerdo. Los caminos que quedan cerca del tuyo y los caminos que ni siquiera sospechas que existen, porque para cada ser existe un camino. Pelearse con otros caminos, con otras formas de expresión de la realidad, es una estupidez. Deja de hacer el tonto y no pierdas tiempo.

Para experimentarse, la realidad crea caminos en cada paso. El camino no existe, no está predeterminado. A priori, aunque tú lo creas así, no hay absolutamente nada allí. El universo es un lienzo en blanco, aunque tú lo percibas lleno de cosas. En realidad, lo único que percibes es a ti mismo, proyectado allí fuera. La realidad crea estas cosas y te crea a ti mismo a través de la percepción de ella en ti mismo.

Esta es la paradoja creativa. Lo siempre presente y lo nunca presente. Lo que siempre está allí y lo que nunca está allí. Lo que siempre existe y lo que nunca ha existido, conviviendo, perfectamente y sin conflicto, en cada momento del espacio, en cada lugar del tiempo. Tú no eres otra cosa más que eterno e infinito. Nada distinto a la realidad que necesitas acotar para concebirla, aunque sea incomprensible. Dices ser alguien o algo porque necesitas limitarte a una forma o varias formas de percepción para poder estudiarte y comprenderte. Cada percepción percibe un mundo. Y cada mundo crea sus propios caminos. Caminos que tú mismo ser crea para ti, para que converjan y se mezclen con otros caminos y puedas llegar a comprender no sólo su profundidad y amplitud, sino su infinita generosidad y abundancia.

¿Quieres conocer la Realidad? Empieza por echar un vistazo fuera de tu camino. Desapégate de tu percepción. Pon un pie fuera de la linde y párate a observar cómo tus percepciones van creando el mundo conforme vives y respiras, sientes y piensas, haces y deshaces. Párate a observar como cada ser crea su camino, a través de su propia percepción. Párate a observar el mecanismo: como no hay ninguna elección. No puedes elegir no percibir, porque tu conciencia nace de la misma percepción. Eres percepción y la misma realidad que percibes. No hay ninguna separación entre lo que percibes y tú mismo. Lo único que puedes elegir es percibir la realidad desde un lugar cada vez más extenso y profundo. Descentrándote.

Conforme tus formas perceptivas vayan haciéndose más flexibles, la realidad que te muestren será cada vez más compleja y más rica, más, por decirlo así, indefinible. Conforme la realidad se vuelva más compleja y más rica dejará de tener sentido para ti dividir el mundo entre sujeto y objeto, entre el que percibe y lo percibido. Cuando esta división deje de tener sentido, cuando se esfume, literalmente, ante tus ojos, no esperes que el cielo se abra sobre ti. Tu camino seguirá como cualquier cosa, porque el camino siempre sigue porque en esta vida humana todos debemos caminar.

Sin embargo, sabrás que tu camino no es otra cosa más que la realidad expresándose a través de ti. Dejarás de sentirte el centro del mundo y el centro de tu vida, para dejar que la realidad lo sea. Dejarás de poder sostener la ilusión del control, la neurosis de creer que estás al mando de todo. De ser el protagonista de todo lo que te sucede. Te quitarás un gran peso de encima. No dejarás de llevar cargas ni yugo, porque cada cual viene como viene a este mundo y tiene el destino que tiene, pero tu yugo, como dijo aquel, se hará cada vez más suave, y tu carga ligera (….)”

 



César Bacale 
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(Texto extraído de un libro en construcción, todos los derechos reservados).

 
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