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Mis partes

 

 

A veces claramente distingo mis partes como en aquellos diagramas de despiece de cerdos, pollos y vacas. No tanto como en las ilustraciones anatómicas. A pesar de todo, tengo una noción exacta de mi nervio femoral cutáneo lateral y mi masajista a veces me hace notar algún otro punto que al ser presionado se deja sentir. Por lo general mi conciencia corporal es como la que se mostraría en un diagrama análogo a los de los cerdos pero en un establecimiento cárnico para caníbales (cabeza, papada, orejas, pecho, chuleta, solomillo, costillar, jamón, etc.) Más o menos esa idea es la que nos transmiten todas las grabaciones de relajación física que yo he escuchado. Se hacen unos recorridos corporales que dibujan claramente los dedos de los pies uno a uno hasta llegar parte por parte, subiendo por las extremidades, hasta la coronilla o meollo.

En una ocasión, hace muchos años, en el desaparecido espacio de Integral en la plaza Euclides, Ayako Zushi nos invitó a una sesión en que simplemente (!) relajamos la lengua. Se suele decir que la lengua es un músculo cuando en realidad serían 17, pero como no es el momento de reparar en detalles anatómicos -fascinantes, por lo demás- lo único que diré es que aunque aparentemente solo relajamos más o menos la lengua, pareció que ese trabajo incidió en todo el cuerpo, cosa que seguramente tiene una explicación también interesante. Lo que sí diré es que toda mi vida agradeceré esa sesión porque justo después tuve una junta de la comunidad de propietarios de mi escalera bastante difícil y con los efectos perdurables de la relajación la pude resistir bien y hasta participé, cosa bastante insólita.

El Señor en su sabiduría nos ha librado de los calambres musculares de la lengua, porque yo no me puedo imaginar lo dolorosísimos que serían a la vista de lo que da de sí una rampa de un dedo de un pie izquierdo o de un pie derecho.

Así como habría que hablar de partes, se podría hablar de lados. Y lo mismo que mi calle, que está en la frontera entre Nou Barris y Horta-Guinardó, tiene un lado par que no barren apenas y otro lado impar que está como los chorros del oro, se podría hablar de un lado derecho así y un lado izquierdo asá. Por lo que he llegado a saber hasta ahora mi lado izquierdo es más débil (se queja más) pero nunca presenta nada grave o fulminante, mientras que si algo ocurre en el lado derecho es para preocuparse y alarmarse.

De frente pasaría por delgada pero luego resulta que de perfil asoma una curva de la felicidad que lo desmiente. Mis piernas son musculosas pero solo de rodillas para abajo, de rodillas para arriba se abutifarraron algo. Y en los tobillos hay unas arañitas vasculares que reflejan un cierto sufrimiento vascular. Así que hay tres partes: la atocinada de las caderas, culo y muslos, la musculada de las piernecillas y la hinchable abajo de todo.

Mi sistema de refrigeración corporal se puso a prueba bajo el sol del Caribe allá por el año 1989 y aquel baño de sudor es lo más parecido a un sofoco menopáusico en plena chicharrera canicular. El bochorno que sufrí cuando al probarme unos patines en Decathlon/Diagonal tiré toda una hilera de un expositor no es nada comparado con un sofoco perimenopáusico en agosto. Ni en Cuba fui tan consciente de los poros que tenemos en las manos y de cómo puede llegar a sudar el pescuezo.

No quiero dejar el autorretrato sin indicar que la parte posterior de mi cuerpo es más rígida, mientras que la anterior (pecho y abdomen) tiende a la flaccidez por mucho que yo me empeñe en una batalla contra mi naturaleza indolente que ganará la muerte. Casi nunca me duele la cabeza, pero cuando me ha dolido la noté a diferente temperatura del resto del cuerpo y en particular de mis plantas. De ahí que lo de "calentársenos la cabeza" tenga mucho sentido.

Por la mañana intento poner un poco de orden, coherencia y tonicidad en todo ese panorama y muchas veces lo consigo. Mi peluquera hace el resto, cosa que resulta muy agradable porque lo es confiarse en las manos de alguien y dejarse hacer.

Fotos photo booth de internet

Ayer pensando en los selfies tan de moda, me acordaba del fotomatón, que creo que en inglés se llama photo booth. Pienso que las fotos de fotomatón y en especial las de varios disparos son precursoras de los selfies, y no solo los grupales sino también los individuales. La relación con la cámara es diferente cuando el disparo lo hace el objeto a voluntad y cuando de alguna manera interviene un posado menos determinado por la figura del fotógrafo.
Hace un par de años visité el Tibidabo y quise ver los espejos deformantes, que están intactos después de tantos años en que no los había visitado. Pero había una cola muy disuasiva y me conformé con ver los autómatas, que no son menos desconcertantes. Lo más parecido a un laberinto de espejos lo pude experimentar una vez en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) pero no recuerdo en qué exposición se instaló. Tal vez la del Barroco de Jorge Luis Marzo y Tere Badia, superhipermegasubvencionada, válida por la demostración de cómo el arte se pone al servicio del poder pero delirante y biliosa en su intento de hacer caber el rechazo a lo español a través de cuatro tópicos sobre el Barroco patrio.
Pero a lo barroco hoy diríamos que a la frase de Maria Mercè Marçal "Miratge, mirall, miracle (*) habría que añadir "i selfie". Y sombra, y huella.

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(*) "Espejismo, espejo, milagro"

 

Marta Domínguez Senra 
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