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El Yoga es una ciencia espiritual
CAPÍTULO CUARTO: LOS CAMINOS DEL YOGA

 

Andrei Ram y su Gurú Sri Dharma Mittra

 

"¡Oh, Aryuna!, el mejor yogui es aquel que considera el placer
y el dolor de todos los seres como si fueran suyos".

 


Om Namah Shivaya

Si el yoga es la unión con la Conciencia Suprema, ¿cómo se logra eso? Como ya hemos visto, por un proceso, como dicen los Yoga Sutras, de aquietamiento de la mente, para dejar de identificarnos con sus fluctuaciones y reflejos, entrar en la esencia del espíritu y desde allí ser parte de la Conciencia Suprema. Esa es la cúspide de la montaña del yoga. A esa montaña se la escala por varios flancos y cada flanco tiene un camino:

El Hatha-Raja Yoga. El Hatha comprende la práctica integrada de Asana, Pranayama y Prathyahara, mientras el Raja se refiere a la integración del Dharana, Dhyana y Samadhi. Sin yama y niyama no se puede alcanzar el yoga, así que como camino hacia la autorrealización es mejor referirse, y sobre todo dedicarse, al Hatha-Raja Yoga, los ocho pasos completos del yoga, como uno solo. Aquí se comienza por explorar la dimensión física para luego adentrarse a la realización de la dimensión energética del cuerpo, desenmascarando las emociones; luego la mente y, por último, el espíritu. Por eso decimos que el asana es la puerta de entrada desde lo externo a lo interno.

El Bakti Yoga es, por su parte, un camino para entrar más directamente al espíritu. Lo estimulamos con la actividad devocional: cantos, meditación dirigida a lo Supremo. La oración de cualquier religión, por ejemplo, es Bakti Yoga. La devoción rige el entendimiento de la Conciencia Suprema. Recitar mantras forma parte de esto, incluso cuando lo hacemos durante la práctica de asanas. Tanto nos dirigimos a la conciencia hacia lo Supremo que lo Supremo empieza a llenarnos. El Bakti es el más alto de los yogas porque lleva al aspirante directo hacia la práctica del último de los niyama, Isvara Pranidhana, devoción hacia la divinidad.

El Karma Yoga, el camino de la acción desinteresada, del servicio, es también uno de los más efectivos. Es el camino de servir sin esperar los frutos de ese servicio, sin esperar los resultados. Ese servicio nos ayuda a limpiar el ego. Vivimos en un mundo de acción. Cuando practicamos mucho Karma Yoga, estamos más en pro del otro, nos liberamos del ego, que es el que nos produce sufrimiento. Porque el ego tiene siempre dos caras, la que queremos y la que no queremos, y la que no queremos siempre se manifiesta. El Karma Yoga nos enseña a ser desinteresados y, así, aquietamos la mente, entramos en conciencia colectiva y, por ende, en la Conciencia Suprema. Llegamos a la cúspide de la montaña.

El Jnana Yoga es el camino del conocimiento. A través del conocimiento comenzamos a abrir las limitaciones de la mente; cuando la mente se expande también se calma. Al abrir la perspectiva de las cosas, las experimentamos. Por eso decimos que el yoga es práctica. Mi maestro dice que el conocimiento es el gran purificador. Por ejemplo, si sabemos el daño que nos hacen los apegos, nos liberamos de sufrimiento. Si entendemos el funcionamiento del prana y una persona querida muere, es más fácil para nosotros soltar el apego hacia ella y sufrimos menos. Si entendemos que la conciencia es eterna, es más sencillo enfrentar la muerte física. Cuando el conocimiento es más amplio, nos ayuda a llegar a la realización suprema de las cosas.

El Raja Yoga. Aunque ya lo hablamos previamente, el Raja Yoga, como senda específica del yoga, se refiere a la práctica interna; la dimensión mental permitida por el previo control de los sentidos hacia la revelación espiritual. Dharana, la concentración mantenida sin interrupción, se convierte en Dhyana, y por este estado de meditación se entra al Samadhi, primero desde los estadios mas básicos de la iluminación. Estos tres pasos definen el Raja-Yoga, el Yoga Real (en el sentido monárquico de la palabra) como camino hacia la revelación absoluta de Realidad.
Tradicionalmente solo son reconocidos como las cuatro sendas del yoga el Karma, el Raja, el Jnana y el Bakti, pero también es posible incluir ramificaciones de estas cuatro, como el Kundalina y el Yantra.

El Kundalini Yoga. Por el movimiento se estimula la energía reservada en la base de la columna, se despierta esa energía y fluye por el canal central del cuerpo sutil. Esa energía asciende a lo largo de la espina dorsal, paulatinamente; cuando esta kundalini asciende, se abren los chakras. Cada chakra es un nivel de conciencia superior y así también se puede llegar a la autorrealización suprema.
En la práctica de asanas puede ocurrir el mismo proceso; sin embargo, recordemos que sin aplicar los principios de los yama y niyama habrá siempre bloqueos que no podrán ser liberados.

El Yantra Yoga, por su parte, es la visualización de los campos energéticos de la geometría sagrada.
Todos estos caminos, integralmente, tienen que ver con los ocho estadios del yoga. Todos están interrelacionados. En Bakti, por ejemplo, hay mantras, pero también hay una postura, como en Hatha. (Esa postura puede ser en movimiento, como en el Kundalini). En el Bakti también hay Pranayama: el canto es una exhalación con sonido. El Dharana ocurre por la concentración en los sonidos del mantra, y, en lo que representa, se da el Jnana. Luego por la repetición sostenida de esos sonidos entramos en Dhyana, la meditación profunda, y nos acercamos al estado de iluminación. Y así los ocho miembros del yoga siempre están presentes en todos los caminos mencionados.
Quizás el vehículo más difícil para llegar a la autorrealización suprema es el asana, porque desde allí nos enfrentamos a la compleja tarea alcanzar lo más interno a partir de una práctica en principio meramente externa. Por ello se hace imprescindible integrar el yama y niyama a las posturas, pues de otra manera será imposible trascender al nivel espiritual de nuestra Unicidad Universal.

 



Andrei Ram Om 
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Artículo cedido por el autor y Yogasfera

www.yogasfera.com

 
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