Ir al página principal
   
Ir

ir

Revista
Autores
Números


Cosas que ocurren...

 

 

 

COSAS QUE OCURREN... Fenómenos tecnológicos. O no.

Si afuera es adentro, entonces debo estar en crisis. O en vorágine. O en un despropósito, Así voy perdiéndome...
¿Será la tecnología una mensajera de las resistencias? ¿Una advertencia?
Miro alrededor pensando si esto es posible...

Y sí. Ha ocurrido:

Ellos, todos los aparatos que acumulé y sostuve y transporté para estar en el mundo aunque me hubiera ido, decidieron lanzarme al abismo. Allí quedé. En silencio. Incomunicada.

Nada funciona ya. Voy a la deriva.

Ninguna de las vías de comunicación que había planeado está en uso: perdí la claves de acceso a todas partes; confundí los códigos secretos mezclando números de forma insensata; bloqueé el portátil pequeño por uso de copia ilegal; skype no me permite la imagen en el móvil (parece indicar que mejor no mostrar este rostro de ahora); en el pc universitario sí, aunque muestra una imagen borrosa, me deja ser vista, pero me impide la voz... no me escuchan; he deshecho la configuración de una de las cuentas de correo y la empresa eléctrica ya no reconoce mi identidad y no puedo consultar las facturas. Había desconectado el roaming, y ahora no puedo utilizar la banca electrónica, tampoco cambiar el número al que enviar los códigos de seguridad. Todas las tarjetas bancarias se han desmagnetizado. Una ha caducado. Imposible pagar. He destrozado una de las tarjetas prepago del móvil, no me pregunten cómo, se inundó mi bolso de agua... La carta andante del metro no puede ser leída, también la banda está borrada. Y van dos. Los cables telefónicos de mi habitación no funcionan, o a veces sí y a veces no. Y al final, en ninguna parte hay una red abierta para mi. Dicen que es cosa de los Android, que fallan. El mío seguro, se apaga unas cuantas veces al día sin previo aviso...

Así pues, no cabe más que abandonarse. Perderse. Y leer el mensaje.

  • -  Sin claves de acceso: las puertas están cerradas. ¿Las olvidaste adrede? O ahora que te habías ido, el mundo cambió las claves para que no pudieras volver. O quizás no, quizás las cambiaron no tanto para que no entraras, sino para que no pudieras salir. ¿Era un laberinto? ¿O un ir a alguna parte?

  • -  Sin códigos secretos: tal vez, y sólo tal vez, eran barreras que no protegían nada sustancial. Nada que no deba ser ya dejado atrás. O tal vez, los secretos, aunque sean códigos, acaban pudriéndolo todo. Llora un rato y déjalo estar, definitivamente.

  • -  ¡Bloqueo por ilegal! Sin palabras. Los simulacros que se puedan hacer de cualquier cosa acaban por morder fuerte. O es versión original o no vale. El disimulo no ya es una posibilidad. Piérdete, pues. Quedas detenida y bloqueada. Párate, pues y descansa.

    • -  Habla sin mostrar la imagen. Se puede tardar años en comprender que sí, que esa cara que nada dice es la propia. A fuerza de callarse. A fuerza de tanta conveniencia, de mandatos y deudas. A fuerza de decir y no decir, queda la voz y la mirada borrosa. Calla pues y siéntate a observar.

    • -  Su identidad no es reconocida... Y sí. Borrada por la tecnología y el entorno. Hace ya tiempo. No es nada. Pero que bien: no me reconozcan pues, sólo era una trampa y el borrado casi que un regalo.

    • -  No puedo pagar. No, no puedo. No ya más deuda... pesa. No puedo comprar/distraerme tampoco... Habrá que pasear pues y que el vacío vaya ocupando tanta actividad estúpida.

    • -  Y al final no hay redes abiertas para ti. Y si tengo suerte, quizás otra vez aparezcan y pueda iniciar alguna conversación. O no. ¿mala suerte? Quién sabe...

      Ahora toca perder toda conexión y hacer fuego con palillos... Fenómenos tecnológicos. O no.



Rosa Marí Ytarte 
Enviar correo


 
Ir hacia arriba